Historia con numerosas peripecias la de la talla de la Virgen yacente conservada del convento de Sant Vicenç Ferrer, de Manacor. Realizada en el siglo XVIII, es una pieza originaria del cenobio de la orden de los predicadores de Santa Caterina de Sena de Barcelona. Con la exclaustración (1835) y posterior derribo (1837) del monasterio, se agravó el estado de conservación de la pieza, que en 1935 fue llevada a Manacor por los frailes dominicos. Cabe mencionar que Santa Caterina era el convento matriz de las comunidades de Mallorca, que en las primeras décadas del siglo XX estaban consolidando los procesos de refundación. En Sant Vicenç Ferrer, la imagen se incorporó a la urna situada bajo el altar de la capilla de las Almas. En 2022 culminó un proceso de restauración que corrigió parte de los daños materiales acumulados y que se ocultaban con tejidos simulando una figura vestidera. No pudo rehacerse la mitad posterior desaparecida del cuerpo, pero, eliminados los repintados, se descubrió una rica ornamentación barroca policromada con aplicación estofada de pan de oro. La iglesia tuvo en el pasado un cadalso con cuatro ángeles para exponer la Virgen en la octava de agosto.