La figura de sor Ana María del Santísimo Sacramento, considerada la primera escritora mallorquina en lengua catalana, fue homenajeada ayer martes con un acto solemne en la iglesia de Santa Catalina de Sena, donde fueron instalados definitivamente sus restos y se presentó el libro «Dialogacions i càntics d’amor. Obra completa de sor Anna Maria del Santíssim Sagrament» , de Rosa Planas i Ferrer.
El acontecimiento empezó con la exhumación y traslado de los restos de la religiosa, que se encontraban hasta ahora en el antiguo convento de las Dominicas de Son Fusteret. Según explicó el vicario episcopal para el Patrimonio Histórico y Cultural, Mn. Francesc Vicens, esta decisión se tomó para garantizar la dignidad, conservación y significación de unos restos que ya no podían permanecer dentro de un espacio sin vida religiosa. “Pedimos autorización en la Santa Sede y al Consell de Mallorca, y se constituyó un tribunal canónico con notario, testigos, un médico y una arqueóloga para certificar que el traslado se hacía correctamente”, explicó Vicens.

La arqueóloga Magdalena Riera, junto con el mismo Vicens, se encargó de la tarea delicada de exhumar y clasificar los huesos, fragmentos de tejidos, una cruz de madera y una vasija de vidrio sellada, que se considera que tuvieron un significado especial para la monja. Todo se colocó en recipientes separados, lacrados y sellados con el sello de la Congregación para las Causas de los Santos, en presencia del notario del Obispado y del delegado de las Causas de los Santos, Mn. Gabriel Ramis, siguiendo un procedimiento riguroso que garantiza su autenticidad y conservación. También se hicieron presentes cinco monjas dominicas integrantes de la comunidad de Mallorca que actualmente viven en Sant Cugat, junto con la Madre Priora, Sor Maria Carmen Horrillo.
A continuación, los restos fueron trasladados e instalados en el nuevo sepulcro ubicado dentro de la misma iglesia de Santa Catalina de Sena, lugar donde la monja vivió, escribió y rezó. El obispo de Mallorca, Mons. Sebastià Taltavull, presidió la ceremonia de bendición del sepulcro y dirigió unas palabras al público presente, destacando la importancia de sor Anna Maria tanto para la historia de la Iglesia en Mallorca como para la lengua catalana. El obispo subrayó el ejemplo de fe, perseverancia y fidelidad en un contexto histórico adverso
El acto continuó con la presentación del libro «Dialogacions i càntics d’amor. Obra completa de sor Anna Maria del Santíssim Sagrament» a cargo de su autora, Rosa Planas, y editado por José J. de Olañeta con el apoyo del Obispado y otras instituciones. Se trata del segundo volumen de un proyecto editorial que empezó con la biografía de la monja y culmina ahora con la transcripción íntegra y comentada del manuscrito original, conservado en el Archivo Diocesano de Mallorca. Planas destacó el valor único de esta obra mística del barroco, escrita entre 1686 y 1690, como comentario espiritual en el Libre d’Amic e Amat de Ramon Llull, y como testigo de resistencia cultural y religiosa en una época de persecuciones.

Margarida Beneta Mas Pujol, conocida en religión como sor Ana María del Santísimo Sacramento, nació en Valldemossa el 1649 y murió a Palma en 1700. A pesar de su vocación temprana, fue rechazada durante catorce años por varias comunidades religiosas, y no fue admitida al convento dominico hasta los 28 años. Al poco de entrar, cayó gravemente enferma y tuvo que vivir siete años en aislamiento. Con el tiempo se ganó el respeto de sus hermanas y ejerció como maestra de novicias y procuradora, destacando por su vida de oración y profundidad intelectual.
Rosa Planas reivindicó la figura de sor Ana María como una escritora silenciosa pero esencial, que escribió en catalán en un momento en que la cultura catalana era reprimida y la tradición lul·liana perseguida. Su obra, a punto de ser destruida después de la muerte del obispo Pedro de Alagón, se salvó gracias a la intervención del canónigo Gregori Quint y Safortesa y circuló clandestinamente durante décadas.
Con este acto, el Obispado de Mallorca culmina un largo proceso de recuperación espiritual y cultural, devolviendo a sor Anna Maria del Santísimo Sacramento al lugar donde desarrolló su vocación religiosa y literaria. El nuevo sepulcro en Santa Catalina de Sena quiere ser espacio de memoria, plegaria y reconocimiento para una mujer que, con su obra y testigo de vida, ha enriquecido el patrimonio de la Iglesia y de la cultura mallorquina.



