La aportación del siglo XVII al arte aplicado a las Vírgenes yacentes es de calidad manifiesta. Un ejemplo es la figura de los frailes mercedarios. La orden conserva una Dormición que, sin llegar al tamaño natural, revela el buen trabajo de los escultores de la época conjugando la necesidad devota y la resolución técnica. La Merced ofrece la oportunidad de venerar la estatua todo el año dentro de la urna integrada en un espléndido retablo ―en la capilla de san Serapio― y que está pintada con putti y entre motivos vegetales que simulan un jardín. No sabemos qué fue del «suntuoso lecho» que menciona el investigador Gaspar Munar, pero hace ya décadas que la figura, en un caso muy poco frecuente, yace sobre un lecho de palio de casa señorial que aporta una familia protectora. El conjunto se instala en medio de la iglesia siguiendo la tradición más común.
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