Los frailes agustinos exponen cada año en la octava de la Asunción una notable estatua barroca de madera tallada, policromada y dorada. Su origen se sitúa en 1692, cuando el notario Salvador Suau pagó por la imagen y por el tálamo, hoy desaparecido. El promotor había elegido sepultura en la capilla de santa Catalina Tomàs, cuyo retablo también se construyó a sus despensas y donde se localiza la urna para venerar a la Virgen yacente todo el año. Son informaciones del investigador Gaspar Munar, quien también deja una descripción completa: «Una muy hermosa imagen de la Dormición de Ntra. Señora, tamaño natural, de rostro placidísimo, adornado con corona y aureola, con las manos juntas, correa pendiente de su cintura, túnica y manto de finos pliegues». La comunidad suele colocar la imagen en la capilla de san Nicolás Tolentino, la más profunda y magnífica del templo.
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