Sería necesario validar documentalmente toda la información divulgada hasta ahora sobre el patrimonio de la parroquia de Porreres relacionado al misterio de la Asunción. En todo caso, es un conjunto muy ilustrativo de los cambios en el gusto artístico. Juegan en contra la dispersión del mobiliario y el delicado estado de conservación. En primer lugar, está la Virgen yacente antigua. Es obra de un escultor desconocido de finales del siglo XVI que seguía ciertas inercias de origen medieval. La fabricación se produjo en un momento de auge del culto mariano. Ya terminada la construcción del templo y coincidiendo nuevamente con un repunte de las cofradías ―en particular, la de la Asunta―, en la década de 1770 se pagaron cantidades al escultor Gregori Herrera Mateu (Palma siglo XVIII) que habría hecho el monumento mariano. Formarían parte de este aparato escénico, de atrevida innovación estilística, la urna, el túmulo escalonado y el arco que sostiene la figura del Espíritu Santo. Esta combinación debió llegar hasta 1800, cuando una nueva estatua de la Virgen sustituyó a la anterior. El artífice, en este caso, fue Guillem Torres Rubert (Palma 1755-1829), vinculado a ideas ilustradas de perfil académico. Todo el año, la Dormición puede venerarse en la fornícula de la predela del retablo de san José. Hay representados, pictóricamente, unos angelitos infantiles que llevan flores en un marco celestial.
Plaça de l’Església
HORARIOS
Sábados, 8, 15 y 22 de agosto, de 18.00 a 19.00 horas. Domingos, 9, 16 y 23 de agosto, de 19.00 a 20.00 horas. Martes, 11 y 18, y viernes, 14 y 21 de agosto, de 10.00 a 12.00 horas