
La iniciativa d’establir una fundació conventual vingué de la mà de la Sra. Francisca de Puigdorfila i Fuster. La idea de donar les seves terres per a fundar una casa de religioses, la traslladà també als propietaris del Palau Reial. Així, el Convent s’originaria a partir dels terrenys i possessions de la Sra. Puigdorfila i de les restes del Palau Reial. Así, el Convento se originaría a partir de los terrenos y posesiones de la Sra. Puigdorfila y de los restos del Palacio Real.
Después de un breve período de alquiler, en 1583, el Rei Felipe II hizo acta de donación del Palacio a las religiosas. Fue a partir del siglo XVII cuando se ampliaron y se reformaron las antiguas dependencias reales, momento en que las monjas compraron las casas que confrontaban por la parte de atrás con el Monasterio, con la intención de obtener todas las posesiones de la manzana.
Las primeras religiosas procedían del Convento de Santa Margarita de Palma, y fueron elegidas por el Señor Obispo para iniciar la fundación. En el Monasterio se estableció la Orden de la Inmaculada Concepción (conocidas como Concepcionistas), fundada en Toledo en el año 1484 por Sta. Beatriz de Silva. El Papa Julio II le dio regla propia en 1511, caracterizada por ser una de les más austeras.
La comunidad de religiosas se mantuvo activa durante más de cuatrocientos años. Desde sus orígenes, las religiosas eligieron una vida de trabajo y austeridad, haciendo frente a adquisiciones, obras y reparaciones para mantener la comunidad, llegando, en ciertas ocasiones, a auxiliar con sus propios dineros al pueblo de Sineu, en épocas de carestía y hambre.
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